Crónica de la visita a las minas de San Finx, en Lousame

Publicado por a 19 marzo, 2018

Por María Pardo

 

Desde un principio me pareció muy interesante visitar las minas de Wolframio de San Finx, en Lousame. Cuando era una jovencita, tenía unos amigos que estaban estudiando ingeniería de minas y que de vez en cuando me llevaban a visitar, furtivamente, alguna mina de wolframio abandonada, en la comarca de Bergantiños. Por eso, cuando me enteré de que la Asociación Amigos Casa de las Ciencias organizaba una visita a San Finx, no dudé en apuntarme y rememorar  tiempos pasados.

Tengo que decir que si bien, esta visita fue menos excitante…lo de colarse furtivamente en los sitios, lo es, fue mucho más ilustrativa y más provechosa para el conocimiento de mi entorno natural.

Durante la visita nuestra guía nos contó el origen de la explotación de la mina, que está en Inglaterra, en concreto en Sir Henry Winter Burbury, quien adquirió el derecho de explotación de la mina en 1897. De ahí pasó a otras manos, también inglesas hasta 1941, que se nacionaliza como consecuencia de la nueva ley de minas de 1938 y pasa a ser de “Industrias Gallegas S.A”

El wolframio era un material fundamental para la fabricación del armamento que el ejercito alemán del Tercer Reich utilizaba durante la Segunda Guerra Mundial. Por ello era muy demandado en la época en la que Franco acababa de ganar la guerra civil española y facilitaba el gobierno alemán el acceso a dicho material, que se encontraba disperso por el territorio gallego.

Hoy en día la mina se sigue explotando, si bien, pertenece a la empresa “Tulsteng San Finx”, que es una filial de Sacyr. Está cerrada porque está inundada y el coste de la evacuación del agua es muy grande y se está evaluando la conveniencia de sacar el agua y el aprovechamiento de la mina porque el agua que está dentro de la mina está contaminada con metales pesados y su extracción se ha convertido en una operación peligrosa.

La guía nos contó que durante la explotación de la mina en la época de la posguerra española, existía un “mercado negro” de wolframio bastante importante. No hay que olvidar que la miseria y el desempleo asolaban Galicia, igual que otras partes del territorio español. SI el kilo legal de wolframio se pagaba a 30 pesetas, en el mercado negro podría llegar a las 100.

La explotación de la mina atrajo a mucha gente que esperaba ser contratada para trabajar dentro y otra que esperaba poder sacar tajada de los que trabajaban dentro. Se formó una pequeña comunidad en la zona, y gracias a la mina, el pueblo fue uno de los primeros en tener teléfono y luz eléctrica.

Durante los años 60 comenzó el declive de la mina que duró hasta los años 90 y aún hoy en día su futuro es incierto.

Tras la charla informativa y un vídeo en el que nos narraban la historia de la mina, pudimos visitar el centro de interpretación y coger y tantear el wolframio con nuestras propias manos, además de comprobar la manera de trabajar de los mineros de antaño y de visitar un interesante centro, con maquinaria original, donde se producía la energía necesaria para que los martillos trabajaran en la perforación de la mina.

A pesar de la lluvia, fue una visita muy interesante y que me dio qué pensar sobre el coste de tener tecnología hoy en día y de las condiciones económicas y laborales de nuestros antepasados. Muy recomendable.

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