Crónica de la visita a la zona de Vimianzo

Publicado por a 8 enero, 2018

Por Ana Eva Suárez

 

El frío y la lluvia, habitual en el diciembre coruñés, nos sorprendió después de un cálido otoño. Esto provocó varias bajas repentinas en nuestra última excursión del año, por lo que sólo movimos dos coches en la mañana del 16 de diciembre. Tener cerca el calor festivo de la Navidad y al mismo tiempo faltarnos una semana, me hizo sentir afortunada por ese regalo, un día diferente añadido. Nuestro destino era el Conjunto Etnográfico de los Batanes y Molinos del Mosquetín y el Castillo Medieval de Vimianzo.
No necesitamos la sensibilidad de un pintor para disfrutar de los diferentes verdes de aquel cuadro real, donde se construyeron los molinos y batanes, al lado del Río Grande. La fuerza del agua se aliaba con las personas para moler el trigo y golpear la lana, y esto era así desde al menos, mediados del siglo XVIII, según testimonios recogidos en el Catastro de Ensenada, aunque los batanes ya existían en Europa en la Edad Media. Lo que hoy se nos muestra es una reconstrucción iniciada en el año 1997, cuando el conjunto etnográfico, antes propiedad de la gente del lugar, pasó a ser propiedad de La Diputación de La Coruña.
Hoy en día se realizan visitas guiadas que incluyen una muestra de su funcionamiento. Ante nosotros se mostró un poco apagada por la poca fuerza que en ese momento tenía el agua, pero no desmereció la visita pues se suplió con las explicaciones de nuestra guía, de voz dulce que parecía formar un dúo amable con la lluvia suave.
Una perrita de la zona, una vieja conocida del lugar, nos acompañó hasta que tuvimos que irnos pues nos esperaban en el Castillo Medieval de Vimianzo. Dos actores del Grupo de Teatro Os Quinquilláns nos iban a asombrar, a algunos por segunda vez, con una divertida visita teatralizada.
La lluvia quiso callarse para poder oír bien a los diferentes personajes de voces bien impostadas, resonando en una acústica que no envidiaba a la de ningún teatro. De una manera dinámica, ágil, con un movimiento en escena limpio que aportaba ricos matices, nos fueron mostrando las vicisitudes por las que pasó el Castillo, una construcción acogedora, muy bien cuidada. Allí se realiza una exposición de artesanía, pero no nos detuvimos pues la mayoría ya la conocía y la escenificación no era breve, aunque sí nos lo pareció, pues mantuvo fácilmente toda nuestra atención y no nos aburrimos ni un segundo. Ficción y realidad, con frecuencia dura pero no exenta de humor, nos fueron mostrando el testimonio de nobles, criados y clérigos, quienes construyeron la historia de una sociedad marcada por el abuso del poder sobre los humildes; un paseo por la historia que fue llegando a la maldición que sufren hoy en día los criados Roi Cofano y Elvira, acusados por el Conde de Altamira. Desde entonces están obligados a contarnos lo que allí aconteció. A los actores quisimos felicitar por su impecable interpretación. Una vez más, nuestra excursión terminó con una sonrisa.

 

 

 

 

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