Crónica del viaje largo a la Ribeira Sacra

Publicado por a 2 agosto, 2017

VIAJE A LA RIBERA SACRA

 

Por Ana Eva Suárez

 
Iniciamos la tarde del viernes con un paseo por el románico. En el Monasterio Santa María Ferreira de Pantón, llamado Monasterio de las Madres Bernardas, nos esperaba María Abuín Fernández, que sería nuestra amena guía durante casi todo el viaje. No es la primera vez que nos acompaña, y es que elegirla siempre es un acierto. El monasterio, el único cisterciense femenino en Galicia que continúa activo, tuvo una vida intensa, salvo durante 20 años, por la desamortización de Mendizábal. Y de ahí fuimos a San Miguel de Eiré, en Pantón (Lugo), uno de los mejores ejemplos conservados en Galicia de arquitectura románica. De la época de transición entre el románico y el gótico es nuestra siguiente visita, la Iglesia de Santo Estevo de Atán, que nos muestra una reconstrucción, necesaria por el estado en el que se encontraba, original y actual. También es novedosa la estructura arquitectónica de la Iglesia de las monjas benedictinas de San Fiz De Cangas.
Tras esta visita, tomamos el camino hacia nuestro alojamiento esa noche, el Parador de San Estevo de Ribas de Sil. Podíamos gozar de una hermosa estampa con el Sil como protagonista, en un trayecto nada fácil para alguien que se marea en bus, Por ello, una amiga de viaje decidió apearse y alcanzar el parador a pie, como una peregrina más. Al llegar, un simpático y yo diría que pillo monje, actor y amigo de la gente y del arte, nos enseñó el monasterio en una visita dramatizada. Nos hizo reír al explicarnos de dónde vienen algunas de nuestras famosas frases célebre. Después, una grata cena, antes de irnos a las acogedoras habitaciones. Tras mi ventana, la naturaleza, salvaje, frondosa, impresionante. Tonos de verde que sólo en Galicia se pueden apreciar.
Antes de comenzar el camino del sábado, disfrutamos de un inmejorable desayuno. El primer destino sería la iglesia rupestre de San Pedro de Rocas, en Esgos, ya en Ourense, creada en una cueva hacia el año 573. Como llegamos pronto, pudimos refrescarnos en la fuente de San Bieito, cuya agua dicen que cura las verrugas. La iglesia de San Pedro es el conjunto monacal más antiguo de Galicia. En su trayectoria pasó por muchas penurias, quedando abandonado hasta que el Padre Silva redescubrió el lugar. En la actualidad, además de ser un importante monumento declarado Bien de Interés Cultural, cuenta con un museo y un centro de interpretación de la vida monástica de la Ribera Sacra.
De ahí nos fuimos al Monasterio de Xunqueira de Espadanedo y después al Monasterio de Montederramo, del siglo X, restaurado tras el tsunami de Portugal, que le afectó de forma considerable. Fue durante mucho tiempo, hasta la desamortización de Mendizábal, uno de los monasterios gallegos de mayor poderío económico. Curiosos relojes de sol en su claustro renacentista, llamaron nuestra atención.
Tras la comida, una delicia inolvidable ver las gargantas del Sil, en el Mirador de los Balcones de Madrid, momento de paz y belleza donde un sol suave y cómplice nos reconfortaba. Después, visitamos el monasterio benedictino de Santa Cristina de Ribas de Sil, al lado del río, en el castañal de Merilán, bajo el monte Varona, de gran interés artístico y arquitectónico, y la capilla cristiana alto-medieval Santa Eufemia de Ambia, situada en la parroquia de Santo Estevo, interesante por recoger estilo prerrománico del siglo IX con influencia mozárabe. Y en el atardecer, antes de cenar, algunos nos fuimos a dar un paseo junto al río mientras otros charlaban en una terraza. Fue agradable poder volver caminando a nuestro alojamiento esa noche, el Hotel Ansuiña, en Baños de Molgas.
La noche fue la pausa antes de seguir el camino, temprano, hacia el pueblo de Castro Caldelas, donde visitamos su Castillo. Encantador pueblo al que apetece regresar, tranquilo, cuidado, impecable, acogedor. Pero teníamos que irnos, ya que nos esperaban en otro interesante lugar, la bodega Ponte de Boga. Quedaría incompleto este viaje por la Ribera Sacra si no hiciésemos esta visita, donde además de ver las viñas, en las laderas que rodean los cañones del río Sil, nos explicaron la elaboración de sus vinos y nos invitaron a una cata.
Antes de comer, visitamos la iglesia de San Julián de Lobios, uno de los mejores ejemplos del románico tardío que se conservan en la Ribera Sacra, y la Iglesia San Vicente de Pinol, en cuya parroquia pudimos ver el Mirador de Cadeira, cercano al Santuario del mismo nombre, desde donde se puede contemplar parte del valle de Castro Caldelas, y en frente, los Balcones de Madrid.
En el restaurante “Merenzao”, en Sober (Lugo), disfrutamos mucho de la charla. He de decir que me hablaron muy bien de nuestro organizador de viajes, Javier Novelle. Él no se enteró. Después, disfrutamos de la visita a la Alfarería de Gundivós, situada en una antigua casa rectoral, rehabilitada, del siglo XVI, donde escuchamos las acogedoras explicaciones de José Elías, quien aprendió de sus ancestros el oficio de la alfarería. A continuación, visitamos la hermosa iglesia Santa María de Proendos, que se creó en el siglo XII. Allí, en el siglo XVIII, existió una escuela con avanzados modelos pedagógicos. Javier nos propuso buscar un interesante Cristo Románico en una capilla donde él había
estado, en el camino de vuelta a La Coruña, parada que nos llevó a fijarnos en una impecable y armoniosa finca, cuya dueña quiso invitarnos a merendar. No aceptamos, pero recordamos su generosidad.
Alguien me dijo que, si nunca había estado en la Ribera Sacra, no me perdiese este viaje. Me alegro de haberle hecho caso. Fascinante belleza contemplar el Sil desde lo alto de las curvas o desde los balcones de Madrid, mientras espera silenciosa la piedra románica, con solemnidad y elegancia, a ratos triste, a ratos esperanzada. Curiosidad y armonía tener el río en la espalda y los viñedos frente a nosotros, mientras nos explican el arte de elaborar el vino; motivo de relax y alegría compartir una generosa cata. Amable, ver y escuchar, en una acogedora estancia, como transforman el barro en arte. Simpático recibimiento el del monje que no era monje, explicándonos la estancia donde dormiríamos la primera noche; agradable pasar del frío y la lluvia al calor de OUrense, también de Lugo. Lo mejor, además de la naturaleza y el arte, cada una de las personas que me acompañaron en este breve, pero intenso viaje por la Ribera Sacra.

 

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