Salida a por setas

Publicado por a 20 noviembre, 2016

Por Juan José Galán

Noviembre es mes de santos y difuntos, de Tenorios – cada vez más relegados por jalouines y zombis varios- de cocidos y por supuesto de setas. Los Amigos de la Casa de las Ciencias solemos hacer una salida al año para recogerlas en las inmediaciones del monasterio de Monfero. El punto de encuentro es siempre en el bar Rebordelo.

Esta edición estuvo marcada por la lluvia que cayó sin cesar durante toda la jornada, pero aun de este modo, el ánimo no decayó en ningún momento. Antonio Prunell nos esperaba en el Rebordelo comprobando la lista de asistentes. Y así munidos de cestas, navajas y alguna que otra guía nos dispersamos por el monte durante una media hora con la esperanza de hallar algún ejemplar digno no solo de interés científico sino, más bien, culinario. Cuando el tiempo vencía, mi hija Claudia, la más pequeña, encontró un enorme Boletus edulis que nos hizo olvidar la lluvia y la mojadura que llevábamos encima.

Debido al mal tiempo, desistimos de bajar hasta la carballeira, tal y como era la intención inicial, yendo directamente al Centro de Interpretación del parque natural de las Fragas do Eume. Carlos Franco nos explicó que la parte del parque en la que nos encontrábamos- Monfero- era muy poco visitada, apenas 200 personas frente a las 60.000 anuales que lo hacían por la zona de Caaveiro. Por tanto, esta zona debía ser potenciada para diversificar la afluencia de público al entorno.

Las setas recogidas se dispusieron en una mesa con el nombre de cada género y especie. En total se obtuvieron 36 variedades diferentes, lo que constituye un logro dado el poco tiempo que estuvimos en el monte. El auténtico experto era José Antonio Díaz Núñez, machiño, que con una precisión milimétrica fue desgranando las peculiaridades de cada una de las especies que se encontraban en la mesa: Cantharellus cibarius, Lactarius deliciosus, Leccinum versipelle, Gymnopilus penetrans …

Las características y propiedades de cada una de ellas fueron explicadas exhaustivamente. Un consejo a tener en cuenta es el de la escasa confianza que ofrece fijarse solo en el color, que puede ser engañoso e incluso subjetivo. Las características morfológicas de la seta han de ser, por tanto las únicas fiables para un consumo seguro; la volva, las láminas y el anillo diferenciarán los géneros y dentro ellos las variedades entre sí. Por ejemplo, la Amanita citrina, también llamada francesita que presenta un olor a rábano o patata cruda puede ser confundida fácilmente con la Amanita phaloides que es mortal. En caso de no ser un experto, el mío por ejemplo, la recomendación básica es aprender a distinguir cuatro tipos de setas para el consumo: Boletus –pie gordo, poros blancos, color marrón-,Cantharellus –no tiene láminas sino rugosidades, pie amarillo-,Macrolepiota, con su anillo móvil y Champiñón (Agaricus bisporus).

Otras cosas más aprendimos: que la Rúsula rompe como una tiza, que al Hygrophoropsis se le confunde con el Cantharellus o que el Paxillus que se creía comestible, ahora se sabe que destruye los glóbulos rojos si se toma con frecuencia. Pero lo mejor de todo fue el Bolletus de mi hija que adornó el plato para cenar esa noche.

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