Crónica del paseo por Ferrol y alrededores

Publicado por a 13 febrero, 2018

Por Susana Suárez Doval

 

El 27 de enero, un sábado más, subimos al autobús que nos sorprendió mostrando en un rótulo electrónico el nombre de la Asociación “Amigos de Casa de las Ciencias”.
Nuestro destino era Ferrol, ciudad en la que se mezclan la elegancia urbana y el poderío militar .La mañana estaba fresca y el café que tomamos fue muy reconfortante. Nos encontramos con nuestra guía cerca del puerto de Curuxeiras, que es el inicio del Camino Inglés a Santiago de Compostela. Isabel nos contó que el origen de la actual ciudad se encontraba en San Julián de Ferrol, el llamado ahora Ferrol Vello, que inicialmente había
sido un castro y posteriormente una villa medieval con un pequeño puerto a orillas de la ría.
Caminamos por las estrechas e irregulares calles observando edificaciones de los años 30 y 50, así como las tradicionales viviendas con galerías acristaladas, que aparecieron por primera vez en Galicia en esta ciudad.
Nos acercamos a ver la Iglesia neoclásica de San Francisco y la Fuente de San Roque, una de las más emblemáticas porque alberga el antiguo escudo de Ferrol, en la que aparece una torre con un farol, lo que originó que incorrectamente se crea que “Ferrol” deriva de “farol”.
Pudimos observar la escultura de bronce dedicada a Jorge Juan, humanista, ingeniero naval y científico, así como uno de los diseñadores del arsenal, y el que introdujo la técnica inglesa de construcción naval en España. Me sorprendió saber que en su juventud había medido la longitud del meridiano terrestre y demostrado que la Tierra estaba achatada en los polos.
También nos paramos en la estatua policromada del Marqués de la Ensenada, que presidedesde lo alto de San Francisco los arsenales y la bella ría ferrolana. Este personaje fue el impulsor de la creación de los arsenales y por lo tanto de la conversión de la pequeña villa en una gran ciudad.
El gran crecimiento de la pequeña villa surgió en 1726 cuando Felipe V decidió que Ferrol fuera una de las tres grandes Bases Navales Militares de España, lo que llevó a la construcción de los astilleros. Para ello se construyó en primer lugar, el barrio obrero de Esteiro y posteriormente en 1761 Carlos III aprobó la construcción del Barrio de la Magdalena,
Paseamos hacia el barrio de la Magdalena, trazado exactamente como una tableta de chocolate, siguiendo el racionalismo de la Ilustración del siglo XVIII. Su forma cuadrangular sólo se ve interrumpida por dos plazas Amboage y Armas. El barrio fue declarado conjunto histórico-artístico en 1983.
A principios del siglo XX se empezaron a construir maravillosos edificios modernistas tan de moda en las grandes ciudades europeas. Muchos de ellose deben al famoso arquitecto municipal Rodolfo Ucha, algunos pensados como hoteles, tiendas, pero la mayoría como casas particulares (la Casa Romero o la Casa Antón) y por supuesto el espléndido Teatro Jofre.
Continuamos caminando hasta llegar al antiguo Hospital de Caridad, construido en el siglo XVIII para atender a las familias, que sólo podían acceder al Hospital de la Marina.
Actualmente alberga el Centro Cultural Torrente Ballester, donde se realizan espectáculos y bodas civiles. Me hizo especial ilusión conocer su historia porque la casualidad me llevó a nacer en este hospital una noche de primavera. Bajamos a la plaza de la Constitución para admirar el edificio del Gobierno Militar, también del s.XVIII, que originariamente era la prisión municipal y hoy alberga la sede de la fundación Caixa Galicia. Continuamos hasta el Teatro Jofre y en su parte de atrás, pudimos apreciar la estupenda fachada neoclásica de la Concatedral de San Julián.
El autobús no recogió para llevarnos al Castillo de San Felipe, debido a lo estrecho de la carretera, optamos por el camino largo que pasaba cerca de la hermosa playa de Doniñosy de un pueblo llamado Valón que tiene un curioso monumento al hígado.
La fortaleza se encuentra en la boca de la ría y enfrente están el castillo de La Palma y los restos del desaparecido Castillo de San Martín. Sus orígenes se encuentran en el siglo XVI, cuando había una lucha por la hegemonía marítima y Ferrol era un punto estratégico de reaprovisionamiento de la Armada Real para hacer frente a ingleses y franceses. El monarca Felipe II encargó su construcción y por eso lleva su nombre.
El castillo también fue prisión militar y allí fue ejecutada por un pelotón de fusilamiento, Amanda García, encarcelada embarazada por bordar una bandera republicana. Su ejecución fue aplazada hasta 88 días después de dar a luz a su hijo Gabriel.
Tras la intensa mañana, paramos para comer en un restaurante en la Malata.
Al principio de la tarde, visitamos el Cuartel de Dolores, Edificio diseñado por Sánchez Bort y que actualmente es la base del Tercio Norte de Infantería de Marina. En el interior del recinto se esconde la puerta de Fontelonga, que es el único vestigio que se conserva de las entradas por mar al recinto amurallado de la ciudad. Hoy en día, sin acceso a la ríapor los rellenos costeros para ampliar el astillero de Navantia.
Seguidamente realizamos un paseo por el Barrio de Canido para ver sus famosas Meninas, unas 300 obras, iniciativa del artista local Eduardo Hermida, que consiguió cubrir las fachadas de las casas con obras de artistas españoles y extranjeros con la temática de las protagonistas del cuadro de Velázquez y de este modo atraer el interés turístico al deprimido barrio. Un idea brillante y que funciona.
Ya para terminar, en la zona de los astilleros entramos en el Museo de la Construcción Naval (Exponav) En esta ocasión nos limitamos a visitar el segundo piso, en donde encontramos multitud de utensilios marinos, maquetas como la de la grúa pórtico de Astano e incluso una exposición de Moncho Borrajo en la que también pudimos encontrar alguna que otra menina.
Ya de regreso a Coruña, me acordé que a lo largo de la visita pudimos ver en algunos edificios abandonados, un simpático muñeco amarillo con el lema “FERROL MOLA”, arte urbano realizado por un misterioso grafitero para darles un poco de optimismo a los ferrolanos. Y tiene toda la razón porque es una ciudad con mucho potencial y aunque hoy esté algo olvidada y deprimida, yo estoy con él. ¡Ferrol mola mucho!

 

 

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