Crónica de la excursión de A Fonsagrada

Publicado por a 19 octubre, 2016

Continuando con el desarrollo del programa “Redescubriendo Galicia” propuesto por la Asociación de Amigos de la Casa de las Ciencias, el pasado 23 de Abril tomamos la ruta de la montaña de Lugo, con destino a A Fonsagrada y Grandas de Salime, ya en Asturias.

Emprendimos camino hacia A Fonsagrada y ya allí, tras una breve parada para tomarse un ratito de descanso y el correspondiente café, nos dirigimos a Vilagocende para iniciar el camino que lleva a la cascada que forma el río Porteliña que, discurriendo entre los Montes de Vilarón y Ruibal llega a una fractura que atraviesa el valle y no le queda más remedio que salvar los 50 metros de desnivel, formando de esta manera la conocida como Seimeira de Vilagocende, el salto de agua más alto de Galicia, y de inigualable belleza. El camino hasta la fervenza es de algo más de 1 kilómetro y de buen andar.

La cascada es realmente impresionante y una serie de pasarelas de madera y un pequeño puente nos permiten acercarnos a la misma base, rodeados de un espectacular bosque de ribera. Mientras estábamos disfrutando del espectáculo, comenzó a llover y hubo que emprender un apresurado regreso, cuesta arriba y con una lluvia que los chubasqueros y los ponchos apenas podían contener.

Ya en la carretera nos dirigimos a A Fonsagrada, en donde nos esperaban para visitar el Museo Etnográfico. Se trata de un museo relativamente reciente, fue fundado en 1984 y es una obra colectiva en la que se integran los vecinos, el Concello y los centros educativos. En sus salas se recogen aspectos de la vida y trabajo tradicionales, hallazgos arqueológicos y arquitectura popular. Pudimos observar los útiles de los oficios populares, zoqueiros, ferreiros, cesteiros, tecedeiras,etc; el proceso de elaboración del lino, los aperos de labranza, colmenas y su aprovechamiento, la bodega e instrumentos de música como la trompa de boca, muy empleada en la zona.

Una sección muy interesante es la relativa a la arquitectura popular. A través de fotografías, planos y unas magníficas maquetas, se pueden ver los tipos de vivienda mas frecuentes desde la palloza a la casa con corredor, asi como los diferentes tipos de hórreos.

Tras la visita, una comida para reponer fuerzas y acometer con brío la jornada de tarde que comenzó con el desplazamiento a Grandas de Salime, ya en Asturias para visitar el castro Chao Sanmartín.

Está situado a unos 6 km de Grandas de Salime y, catalogado como castro desde 1967, no se comenzó a excavar hasta 1990. Se trata de un yacimiento muy interesante dado que estuvo poblado desde el 800 a.C. hasta el siglo II d.C. y utilizado como necrópolis en los siglos IX y X, hasta el final de la Edad Media. En su origen fue un recinto fortificado en la explanada superior, Posteriormente, durante la Edad de Hierro se fueron mejorando las defensas y, a partir del siglo IV a.C. aparecen las construcciones características de un castro: murallas, fosos, cabañas de uso común, etc. y aparecen talleres de metalurgia.

Con la dominación romana, el castro fue sede administrativa bajo control militar, como lo atestiguan los restos de una domus de gran porte, probable residencia de un alto mandatario. Pudimos observar la planta y los elementos constructivos y comprobar su tamaño en comparación con el resto de construcciones del castro.

En el siglo II d.C. un terremoto provocó la destrucción del castro y su precipitado abandono, lo que propició una relativa abundancia de restos encontrados en las excavaciones. En el Museo del Castro pudimos ver los hallazgos de las excavaciones perfectamente clasificados y muy didácticamente expuestos.

Nos desplazamos a continuación al Museo Etnográfico de Grandas de Salime situado en la antigua casa rectoral de Grandas, rehabilitada para este menester. Se ha ido ampliando hasta llegar a los más de 3000 m2 actuales. El material expuesto refleja el modo de vida tradicional del occidente asturiano asi como los oficios y profesiones allí desarrolladas.

La Rectoral con la lareira y los cuartos en su parte superior, mientras que la planta baja acoge la bodega y la cantina; la Casona, con las salas de consulta del médico y del dentista, la barbería, la cocina, la escuela, etc. nos muestra una forma de vida que, de no ser por estas iniciativas, quedaría en el olvido. Nos indicaron que su colección consta de mas de 11000 piezas y nos queda lamentar el que, por falta material de tiempo, no pudiésemos realizar una visita mas detallada, porque el Museo la merece.

Con el cierre del Museo, emprendimos el regreso pensando ya en la próxima salida.

Juan Rico

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