Crónica de la excursión a Ribadavia

Publicado por a 20 diciembre, 2016

Por Ana Eva Suarez
Poder dar un paseo por Ribadavia es un regalo, pero si además se tiene la fortuna de ser guiados por alguien que la conoce perfectamente, que sabe llevarnos por sus rincones más entrañables con esa sabiduría que además de la lectura dan las tablas en la vida y con un humor que demuestra una gran inteligencia y le convierte en una grata compañía, entonces tenemos que decir que somos unos privilegiados. Nuestro guía, Juan Antonio Bande Alonso, se hizo querer en un solo día.
En la confluencia de los ríos Avia y Miño, en el camino entre Orense y Vigo, se asienta Ribadavia, tierra de piedra tranquila, de agua que camina y de vino que une, de árboles que forman cuadros, de cuadros que son vida. Una invitación a revivir de forma festiva el Medievo, en el caluroso y puede que ocioso agosto; a disfrutar del teatro, a respirar la paz y la tranquilidad de los colores y los sonidos del otoño.
No faltan motivos para que Ribadavia haya sido declarada Conjunto Histórico Artístico en 1947. Nuestra primera visita fue la del Convento de Santo Domingo (siglos XIII-XIV), el segundo que los dominicos implantaron en Galicia, que, como siempre sucede, fue objeto de importantes reformas a lo largo de los siglos. Allí se invitaba al estudio de la Teología, de la Moral y de la Gramática, siendo uno de los conventos más activos de Galicia.
Una vez más, la desamortización se llevó parte de su estructura, aunque no de su historia, y destinó el resto del edificio a ser residencia de ancianos. Al lado del convento se funda la Iglesia del Portal, patrona de Ribadavia y del Ribeiro, singular obra del siglo XVII y XVIII.
Tres de las cinco puertas primitivas de la muralla (siglos XIV-XV) se conservan para nosotros, las gentes del siglo XXI, que nos hacemos preguntas que sólo aquellas personas sabrían contestarnos de verdad, o casi. Frente a la Alameda, la Puerta de la Cera (Oeste); la Puerta de Celanova o Porta Nova, “con amino al Río Miño” y la Puerta Falsa o Postigo (Sureste), con “camino al muiño”.
Judíos y cristianos convivieron con armonía llegando a luchar juntos frente al ejército inglés al mando de Sir Thomas Percy, que como en todas las batallas, todos pierden. Cuando los Reyes Católicos expiden el decreto de expulsión de los judíos, el 30 de marzo
de 1492, algunos huyeron, pero otros se quedaron, convirtiéndose al catolicismo, muchos conservando sus ritos y sus creencias de forma clandestina. Judíos y católicos contribuyeron a la prosperidad económica de la región. En la Plaza Mayor, el Centro de Información Judía de Galicia ofrece más información sobre la presencia hebrea en Galicia.
Cálido y acogedor el museo etnográfico o etnológico, de titularidad estatal y gestionado por la Xunta de Galicia. El museo está en el palacete llamado Pazo de Baamonde o Casa de la Fundación. Pudimos detenernos en sus exposiciones temporales sobre el mundo textil, el atuendo, y lo que más nos llamó la atención: la fotografía. A través de la mirada de varios fotógrafos artistas nos mostraron la vida y la historia de la comarca, la cultura rural de Orense y sus gentes. No en vano el título de la exposición era “A mirada dos espazos. Camiño dunha antropoloxía visual”.
Llevamos a casa pastas típicas, recomendadas por nuestro anfitrión. Y si alguien quiere disfrutar de la gastronomía de nuestra tierra, que se venga a las excursiones de la AACC, momento de relax y grata charla, en esta ocasión en el Bar Calvo (cerca del castillo).
Y por la tarde tuvimos la oportunidad de disfrutar de una cata de vino “única obra de arte que se puede beber “(Luis Fernando Olaverri), tras ver como lo fabricaban a dos kilómetros del centro de Ribadavia, en la Bodega Viña do Campo. Impecable coordinación para que sólo once personas consiguiesen tantos litros al año.
Se pronosticaba un temporal que, como predijo Antonio Bande, sorteamos con fortuna. Fue ese el único momento en el que sentimos la lluvia despertar la tierra y era ya el momento de regresar a casa. En el camino, pensé en lo fácil que es ser una misma en este grupo; y al poco, de forma casi mágica, alguien dijo lo mismo en voz alta.
Era nuestra última excursión del año. Pero enero, que parece que está lejísimo, regresa en nada, así que ya podemos ir haciendo un hueco en nuestra agenda para ir a Foz, Ribadeo y alrededores.
Dejamos Ribadavia con ganas de regresar por nuestra cuenta, tal vez, como nos propuso nuestro guía, en primavera.

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