Crónica de la excursión a Ponferrada

Publicado por a 9 marzo, 2017

Por Miguela Marín

 

El sábado 25 de febrero, y siguiendo la programación de este año, nos desplazamos a Ponferrada. Tuvimos que madrugar un poco, ya que el viaje fue más largo que otras veces, pero mereció la pena.
A las 11 estábamos en Ponferrada a las puertas del Museo de la Energía.
En realidad, el museo así denominado fue una Central Térmica, que entró en funcionamiento en los inicios del siglo XX y que estuvo activa hasta los primeros años de la década de los 70. Empleaba como combustible el carbón de más baja calidad, y con el calor obtenido convertían en vapor el agua que obtenían de un río próximo. Dicho vapor de agua movía las turbinas, transformándose la energía térmica en energía eléctrica. Nos mostraron una locomotora comprada en Filadelfia (EE.UU.) en 1919, que traía el carbón desde la mina de Villablino a la central. A su vez, fue una línea de ferrocarril Villablino-Ponferrada, que transportaba pasajeros y que funcionó hasta inicios de los 80, siendo un eje fundamental en el desarrollo de la comarca.
Nos mostraron cómo se transportaba el carbón dentro de la central hasta su llegada a la nave de las calderas de combustión, y posteriormente la nave de turbinas, donde el vapor seco se transformaba en electricidad. Las turbinas también fueron importadas de América y Europa (Suiza). La museificación, conservando todas las estructuras y los medios y útiles de trabajo, es de gran impacto visual porque se conserva la Central tal como quedó al finalizar su actividad, y parece que aún estuviera en funcionamiento, por lo que tiene mucho interés histórico y didáctico.
En segundo lugar visitamos el castillo de los Templarios. En un espacio muy amplio se sitúan el castillo, con una bonita arquitectura y muy cuidado, y todo el recinto amurallado, con torres en algunos puntos. La guía nos dio abundantes datos históricos, ya que después de los templarios en el s. XIV, perteneció al conde de Lemos, y que tras problemas en su familia por cuestiones ligadas a su herencia, fue comprado por los Reyes Católicos. También visitamos la biblioteca de los templarios en el recinto del castillo, que actualmente contiene, en régimen de cesión, una gran colección de Facsímiles (unos 200), entre los que destacan numerosas biblias, libros de horas, numerosos escritos del Beato de Liébana e incluso un facsímil del Códice Calixtino.
Llegó después el impresionante cocido. No os cuento nada acerca de él. Solamente que lo disfrutamos enormemente. Visitamos un tejo de más de mil años de edad, aunque esta datación, al parecer, es cuestionable. Su copa es majestuosa.
Por la tarde fuimos a visitar el museo de la Radio, que se dotó con las piezas donadas por Luis del Olmo. Lo que más me gustó fue la gran variedad de receptores coleccionados: Desde los aparatos de galena hasta los transistores y la radio digital. Muchos de ellos alojados en bellos muebles muy bien conservados. El museo está instalado en una casona de estilo Barroco tardío de la segunda mitad del Siglo XVIII.
Resta decir que el tiempo acompañó.

 

 

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