Crónica de la excursión a Peñalba de Santiago

Publicado por a 6 octubre, 2016

Levantarse un sábado por la mañana antes de que amanezca, sólo merece la pena si tienes que ir a trabajar o a realizar una excursión como la que organizó la Asociación Amigos Casa de las Ciencias.

Teníamos que salir temprano, más que lo habitual, de la explanada del Aquarium Finisterrae, porque nos esperaban 2 horas y media de autobús hasta llegar hasta nuestro primer punto de interés de la jornada.

El microbús nos dejó en la atractiva localidad berciana de Molinaseca, en donde nos estaban esperando unos taxis para llevarnos a través del pintoresco Valle del Silencio, hasta nuestra primera visita del día, la iglesia de Santiago de Peñalba, que se encuentra situada en la pequeña aldea de Peñalba de Santiago.

Esta preciosa villa se encuentra enclavada en medio del llamado, Valle del Silencio, en el corazón del Bierzo, llamado así porque en la antigüedad, dice la leyenda, San Genadio, acudió a una de las cuevas de la zona para meditar, y como el murmullo del correr del agua del río no le dejaban concentrarse en sus quehaceres, ordenó al río Oza que se callara y éste, obedeció.

Nuestro objetivo, además de contemplar la salvaje belleza del paisaje, era visitar la iglesia mozárabe de Santiago de Peñalba. Esta iglesia es peculiar y única, debido en parte a que es de las pocas que conserva un contra ábside, detalle constructivo, no muy popular en la Península Ibérica, y característico de las construcciones norteafricanas.

Conserva, además, esta iglesia, otra peculiaridad que la hace única, y son las inscripciones y dibujos del interior de sus muros, que aparecieron gracias a una limpieza de las paredes realizada por varios historiadores de la zona. Tuvimos, además, el privilegio de poder escuchar las explicaciones de boca de uno de los investigadores que están trabajando en la iglesia. Hay varias teorías que explicarían la existencia de estos grabados en las paredes, desde que se trate de bocetos de las ilustraciones que iluminarían los manuscritos hasta que fueron hechas simplemente para desahogo y entretenimiento de los monjes que antaño ocupaban el antiguo cenobio, hoy desaparecido.

Después de la visita, regresamos a Molinaseca a comer.

A primera hora de la tarde nos esperaba una visita de otra índole, y muy sorprendente. Ya que estábamos por la zona, tuvimos la oportunidad de acercarnos hasta la Herrería de Compludo, que lleva funcionando desde 1928. Esta herrería fue declarada monumento nacional en 1968 y es realmente interesante ver cómo funciona gracias a un ingenioso sistema de aire y agua que hacen funcionar los martillos. El fuego se aviva gracias a un mecanismo que extrae el aire de un pozo de agua y expulsa ésta con fuerza, a través de unas compuertas y de unas exclusas como las utilizadas en los molinos. Gracias al agua, el fuego se aviva de manera constante. También se utiliza el agua para mover un martillo pilón de unos 500 kilos. Fue  todo un descubrimiento y para algunos de nosotros, toda una experiencia.

Terminada la exhibición, y tras un breve paseo, nos dirigimos ya de regreso a Coruña, pero haciendo una parada para visitar el monasterio de Santa María de Carracedo, situado en la localidad leonesa de Carracedelo.

Este monasterio está en gran parte en ruinas y gracias a esta circunstancia, conserva un aire romántico y un misterio que hoy en día pocas construcciones medievales conservan.

Este cenobio fue fundado en el siglo X y tras pasar por distintas etapas con más o menos gloria, fue abandonado en la época de la desamortización de Mendizábal, en el siglo XIX.

Es de destacar, la majestuosa sala capitular y, sobre todo, el “mirador de la reina”, un balcón que sorprende por su serena belleza que nos recuerda a los palacios de los cuentos de hadas y princesas y que nos habla del esplendor que en tiempos pasados, tuvo el monasterio.

Y con la impronta de las piedras que conforman el monasterio, nos encaminamos de regreso a casa.

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