Crónica de la excursión a Baiona y alrededores

Publicado por a 1 mayo, 2018

La mañana del 21 de abril nos reunimos, como siempre, en la explanada del Aquarium Finisterrae, para poner rumbo a la histórica villa de Baiona que, curiosamente, comparte con A Coruña el título de villa real, pues fue fundada en la misma época y por el mismo rey que nuestra ciudad, por Alfonso IX.

Si bien el día estaba despejado, la mañana estaba fresca, pero todo presagiaba que íbamos a disfrutar de una excelente excursión.

Llegamos a Baiona sobre las 11 de la mañana y, una vez aparcado el autobús, nos esperaba a los pies de la fortaleza de Monterreal, nuestra guía Nuria.

Tras el café con un tentempié de rigor..nos dispusimos a recorrer los lugares más importantes de esta villa que vio llegar a una de las legendarias carabelas que partieron de Palos para descubrir el nuevo mundo. Y así fue como nos contó Nuria, la llegada de la carabela la Pinta, al puerto de Baiona, con Martín Alonso Pinzón al frente y su relato del “descubrimiento” de América al corregidor de Baiona. Por este motivo, se celebra todos los años, la fiesta de la “Arribada”, el 1 de marzo, con una gran fiesta medieval declarada de interés turístico internacional.

Hoy en día es posible visitar una réplica de dicha carabela, que está situada en el puerto de la villa y que, actualmente funciona como museo.

Con nuestra mente ya, trasladada a la épica, nos dispusimos a recorrer a pie el recinto amurallado de la fortaleza de Monterreal, que data del siglo XI, abarcando un período de tiempo que se extiende hasta el XVII. Ubicada en el monte Boi, ya estuvo habitada por un castro y, posteriormente por la villa medieval de Baiona, que se refugiaba en la fortaleza, gracias a un privilegio otorgado por los Reyes Católicos para poder defenderse de las múltiples incursiones enemigas, sobre todo de corsarios y sarracenos.

Ocupa una extensión de 18 hectáreas, y 3 kilómetros de muralla que conserva tres torres. En la principal, del reloj, era desde donde se tocaban las campanas para llamar a defensa tras el avistamiento de alguna nave enemiga.

Hoy en día, alberga en su interior el Parador de Turismo “Conde de Gondomar”, pues aquí estuvo su residencia privada, en el siglo XVIII.

A continuación, Nuria nos llevó a hacer un recorrido por el casco antiguo, en donde, a través de sus empedradas calles, nos trasladamos a pie, a un viaje al espíritu medieval, pues pudimos ver, el convento de los Dominicos, ahora en propiedad de las Clarisas, la Capilla de la Misericordia, la “praza do concello”, donde se encuentra el imponente palacio municipal y la curiosísima “Casa do Perdón”, o “Casa do Ceta”, donde se dice que, por otro privilegio de los Reyes Católicos, todos los ajusticiados que fueran capaces de asirse a las cadena que colgaba de la fachada de la casa, quedaban eximidos de su castigo.

Continuamos nuestra visita, entrando en la ex colegiata de Santa María, un colosal y robusto edificio medieval, con aspecto de fortaleza y en la que nos llamó la atención la ausencia de decoración del tímpano de la puerta principal y en el interior nos sorprendió con unas curiosas decoraciones en sus pilares. Esta iglesia data del siglo XIII y conserva un magnífico rosetón de la época.

Nada más salir de la ex colegiata, nos encontramos con la Capilla de Santa Liberata, consagrada en honor de esta mártir, natural de Baiona, y que tuvo el “honor” de ser la primera mujer crucificada por no querer renunciar a su fe cristiana, allá por el siglo II. La iglesia es renacentista y tiene en su interior un valioso retablo que narra la historia de la santa y de sus ocho hermanas, todas ellas nacidas en el mismo parto y todas ellas martirizadas para que renunciaran a su fe, cosa que no ocurrió y por lo que sufrieron terribles consecuencias.

Tras esta truculenta historia, no tuvimos más remedio que apaciguar nuestros ánimos y nuestros cuerpos, con una magnífica comida que nos sirvieron en el restaurante “La Colegiata” y del que salimos plenamente satisfechos y con deseos de seguir conociendo los monumentos y las historias que nos esperaban.

Para bajar la comida, nos dispusimos a recorrer un sendero que transcurre paralelo al río Fraga, y que se acondicionó para poder pasar por varios molinos restaurados, y desembocar en el mar, a la par que el río. Un singular paraje, lleno de vegetación exuberante, con algún que otro sobresalto animal, y adornado con unas impresionantes calas salvajes. Todo ello en la parroquia de Baredo.

El siguiente paraje que íbamos a visitar se encuentra en el monte de A Groba, y para llegar allí, hay que pasar por delante de la monumental “Virxe da Rocha”, de 15 metros de altura, obra del arquitecto Antonio Palacios y que se utiliza como mirador, pues desde una especie de balconada que sostiene la imponente estatua de la virgen, se pueden ver los alrededores de Baiona y una vista inmensa del mar.

Tras esta breve parada, nuestra guía nos llevó a ver una estación rupestre, de nombre “Outeiro dos lameiros” y en donde pudimos observar y fantasear sobre los grabados hechos en la piedra por unos hombres que habían vivido hace unos 4000 años. Nos preguntamos qué significado tendrían y nos admiramos con un mural vertical único de 15 por 5 metros de superficie, grabado con diferentes motivos, entre los que destaca una especie de pez luna.

Nos hubiéramos quedado el resto de la tarde para poder ver los petroglifos en su mejor momento, el atardecer, pero nos esperaban 2 horas de autobús y el regreso a casa, cansados, pero satisfechos por haber disfrutado de un viaje a la historia que nos proporcionó Baiona y sus alrededores.

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