Crónica de la experiencia Durmiendo con tiburones

Publicado por a 26 enero, 2017

Por Ana Seoane Cancelo

Cada noche, durante las vacaciones de Navidad, 20 participantes se adentraban en la casa de los peces para vivir una experiencia inolvidable.

Dicha aventura daba comienzo a las 20:00 cuando el equipo de monitores acompañaba a los participantes y sus padres o madres a las gradas de la sala Maremagum. Allí recibirían una pequeña charla en donde se les explicaba cómo se desarrollaría la actividad.

A partir de ese momento, los participantes serían llamados por grupos y, junto con un monitor, bajarían a las profundidades del Aquarium, a la sala Nautilus, para dejar preparado todo para el momento de irse a dormir.

Una vez reunidos, y de vuelta en la sala Maremagnum, comenzaban los juegos de presentación y desinhibición para conocer un poco mejor al resto de compañeros y compañeras. Mientras tanto, en pequeños grupos, vsitaban por la charca de las caricias. La oportunidad de alimentar y acariciar a pequeños tiburones y otras especies, fue una actividad con mucho éxito.

A las 21:30 llega la hora de cenar y después de lavar las manos nos sentamos a la mesa.

Terminada la cena, volvemos a la sala principal del Aquarium para comenzar el gran juego. En él, los participantes, divididos en pequeños grupos, debían trabajar en equipo y poner a funcionar su ingenio para superar las pruebas que les esperaban.

El objetivo era encontrar y superar las 12 pistas, cada una relacionada con una isla gallega, repartidas por el salón principal. Para ello, debían interactuar tanto con la información del Aquarium, como con los monitores y monitoras, que no se lo iban a poner nada fácil. La velada terminaba con un pequeña competición de preguntas, en la que demostrarían haber colaborado y haber superado sin problemas las pistas, además de haber aprendido mucho sobre el mundo marino.

Llega el momento de irse a la cama, pero no sin antes escuchar la historia que los monitores contarían en la sala Nautilus, amenizada con una actuación de papiroflexia y las atentas miradas de los peces desde el interior del acuario. Al acabar el cuento, y previo cepillado de dientes, todos a dormir.

A la mañana siguiente, nada más levantarse y recoger todo, un gran desayuno para coger fuerzas. En la sala Maremagnum, momentos antes de las despedidas, nuestros chicos y chicas daban forma a un cangrejo, la estrella de nuestro taller de manualidades. Y con este pequeño recuerdo, dábamos por terminada una noche muy especial.

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