Crónica visita a Caldas de Reis

Publicado por a 24 junio, 2018

Por Susana Suárez Doval

El sábado 26 de mayo nos desplazamos hasta Caldas de Reis, Pontevedra.
El día lucía inmejorable y un rico café nos ayudó a despertar mientras esperábamos a la guía.
La primera parada fueron los Molinos de Parafita y la cascada de Raxoi en Valga. Un lugar de gran belleza, con saltos de agua, troncos recubiertos de musgo y con pasarelas de madera para acceder directamente a la cascada.

Tras el refrescante paseo nos dirigimos a la cascada de Segade en Caldas, un gran salto de agua de unos 30 metros de altura sobre una superficie rocosa pulida con el paso de los años. Un paraje singular repleto de pozas en las que con las altas temperaturas apetecía darse un chapuzón.

La fuerza del agua del río Umia, tuvo especial protagonismo en el siglo XIX, y todavía podemos apreciar los restos de la antigua Fábrica de luz, una central hidroeléctica, junto con numerosos molinos que acompañan el curso del río y que son el mayor atractivo de la zona.
Desde allí fuimos caminando por el paseo fluvial y descubriendo algunos de los molinos que ahora son viviendas particulares. Terminamos la ruta en una carballeira centenaria que es un bien de interés cultural y que en verano se llena de artistas y conciertos durante el festival de arte y cultura llamado “Kaldarte”.A continuación se encuentra el Jardín Botánico con especies de los cinco continentes.

Nuestra guía nos comentó que los primeros pobladores de estas tierras fueron los Cilenos, pueblo castreño prerromano que ocupaba el territorio entre los ríos Ulla y Lérez . Su capital era “Aquae Celenae”(“pueblo de aguas Cilenas “), lugar que hoy corresponde a la villa de Caldas de Reis.
También se les asocia con el Tesoro de Caldas, descubierto en 1940 cuando operarios hacían un agujero en el terreno. Este tesoro data del periodo 1500-1600 a.c y son 40 kg de oro en piezas, siendo uno de los más importantes de Europa. Actualmente se encuentra en el Museo Provincial de Pontevedra.

Otro dato interesante fue sobre la Via XIX, diseñada por los romanos, siendo un paso estratégico con aguas termales que cruzaba Caldas . Era la calzada más larga de todas las rutas del noroeste con cerca de 500 km, uniendo Braga, Lugo y Astorga. Hoy en día sólo quedan en Galicia algunos puentes, piedras miliares al borde de las calzadas y pequeños tramos originales.

La mañana discurrió casí sin darnos cuenta y llegó el momento esperado por todos, la comida en el restaurante “Taberna O Muiño”, un antiguo molino real. Disfrutamos de un sabroso menú y el dueño del local nos sorprendió con una tarta con la imagen de la Casa de la Ciencias para conmemorar su 25 aniversario.

Una corta caminata por la Calle Real para observar sus casas hidalgas y la Iglesia románica de Santa María de Caldas y abandonamos la villa.

A 5 km de distancia, se encuentra el Parque de la naturaleza del Rio Barosa, en Barro. Un lugar donde respirar y perderse en la naturaleza, con varios puentes que cruzan el cauce del rio, molinos transformados en bares y la espectacular cascada con playa fluvial. Curiosamente nos encontramos con una boda en ese entorno tan maravilloso, con los molinos y puentes adornados para la ocasión y los invitados llegando al lugar del casamiento a los pies de la cascada. No alcanzamos a ver a los novios porque nos quedaba todavía una visita más, el Castro de Castrolandín en Cuntis.

Castrolandín es un poblado castrexo fortificado de finales del siglo IV a.c a finales del I d.c, con capacidad para unas 100 personas. El asentamiento está formado por un sistema de entrada al poblado, un sector de viejas murallas defensivas y en el interior las viviendas excavadas.

Y llegó la hora de regresar, con pena porque el día resultó genial, paseando por lugares hermosos, con el sonido del agua acompañando nuestro caminar y sorpresas como las de la original tarta y la boda en plena naturaleza. No se le puede pedir más a un día, simplemente perfecto.

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