Crónica de la visita a la zona de Estaca de Bares

Publicado por a 11 marzo, 2019

Por María Pardo

 

Teníamos por delante un día fundamentalmente paisajístico, y por ello, necesitábamos tener una jornada sin lluvia. Se nos fue concedido, y así pudimos disfrutar de una jornada inolvidable en Ferrolterra.
Comenzamos, como siempre, temprano para un sábado, a las 8:30 en la explanada del Acuarium Finisterrae.

Hicimos la primera parada para un café, en Xuvia (Narón), junto a un molino datado en el siglo XVIII, construido por los empresarios Lestache y Bucau y que, en su momento sirvió para abastecer de pan a Ferrol y comarca con cereales venidos de Burdeos, Bayona, Londres, Amsterdam e incluso Filadelfia..Desgraciadamente hoy en día, a pesar de estar restaurado, está sin uso y cerrado a cal y canto. En realidad son dos molinos que funcionaban con el cauce del río Xuvia, que da nombre a la localidad. Un sitio estupendo para desperezarse y tomar un poco de aire.

Nuestro siguiente destino era también en Narón, en la iglesia del antiguo monasterio de San Martín de Xuvia, o de O Couto, como se le conoce familiarmente.
Lo que llama la atención de esta iglesia, en su exterior, porque no pudimos acceder a su interior, de estilo románico, son sus canecillos en el exterior de los ábsides, con temática variada pero, sobre todo, erótica, algo bastante habitual en los edificios medievales.
Esta iglesia se construyó junto a otra que funcionaba como iglesia parroquial, pero que debido a los constantes ataques vikingos, normandos, musulmanes, terminó por sucumbir y dio paso a la que hoy conocemos como parroquial de San Martiño, pero que fue del monasterio.

Tras observar detenidamente el exterior de esta iglesia, situada junto a la ría de Ferrol, nos dirigimos a nuestro siguiente punto, esta vez, en la encantadora villa de Cedeira…

Y es que no hay mucha gente que conozca el coqueto Castelo da Concepción, levantado en la costa cedeirense para defenderla contra los ataques enemigos, sobre todo, ingleses y holandeses, en el siglo XVIII. Es éste un castillo pequeño, pues no albergaba más que 30 hombres, pero su estado de conservación es bueno, y la ubicación no puede ser mejor. Sin duda, un lugar, que merece la pena visitar y que no se debe pasar por alto.

El siguiente punto fue El banco de Loiba, en el concello de Ortigueira, fue calificado como el “banco más bonito del mundo”…no sé si esto es cierto, lo que sí se es que tiene unas vistas excepcionales y desde el que se puede admirar la abrupta costa de las Rías Altas y de la unión del océano atlántico con el mar cantábrico. Todo un espectáculo para los sentidos, y más aún teniendo en cuenta que las condiciones climatológicas nos permitieron deleitarnos y disfrutarlo en toda su extensión.

Con la vista de la espuma del mar y el azul aún en nuestras retinas, nos retiramos para continuar camino a la siguiente parada, también de un gran valor paisajístico…el faro de Estaca de Bares…en la misma costa.
El faro de Estaca de Bares no tiene gran cosa que ver, pero sí nos llamó la atención la antigua construcción de lo que fue la base americana logística, que funcionó hasta los años 90 y de la que hoy en día apenas quedan las paredes machacadas de los antiguos barracones y dependencias de los marines americanos…hoy en día está arrasada, y apenas deja ver lo que en su día fue un importante centro logístico no sólo para la defensa de los intereses estadounidenses, si no, de todo el mundo.

Junto a estos restos de edificaciones, nos encontramos con los restos de otras edificaciones un poco más antiguas y que tuvieron una misión bien distinta…un conjunto de molinos situados en un acantilado y que aprovechaban la fuerza del agua de un regato que caía directamente al mar. Con un ingenioso sistema de canalización, varias modestas edificaciones de piedra aprovechaban la fuerza del agua canalizada y movían en su momento varias piedras, al menos unas 5 que servían a los intereses de las gentes de la zona.

No tuvimos que desplazarnos mucho para comer, puesto que teníamos mesa en el pueblo de Bares, en donde se encuentra una curiosa escollera de piedras de la que dicen, tiene un origen incierto, y de la que algunos autores opinan es una construcción fenicia. De ser cierto, sería de las pocas infraestructuras fenicias de esta parte de la península ibérica, pero como nos movemos en terreno de conjeturas…quién sabe….

Después de comer, muy satisfactoriamente, como siempre, nos dirigimos a nuestro último punto del día, para bajar las suculentas viandas que habíamos ingerido.

Y es que ya que estábamos en el límite de la provincia coruñesa con la de Lugo, nos adentramos un poco en la lucense, y ya en el concello de O Vicedo, nos fuimos a pasear al conocido como “Fuciño do Porco”. Es éste un antiguo camino utilizado por los trabajadores para reparar y mantener en buen estado las balizas que señalan la entrada al puerto de Viveiro y la playa de Covas. Se llama Fuciño do Porco porque dicen que, visto desde el mar, parece el morro de un cerdo. Lo que está claro es que es un paseo impresionante que circula entre varios acantilados y que permite disfrutar de un agreste paisaje y la visión de la ría de Viveiro en toda su extensión.

Lo que también está claro es que esta zona de la provincia de Lugo ha sido promocionada correctamente, a tenor de la cantidad de gente que iba y venía, como si de un paseo en medio de la ciudad se tratara. Nada más lejos de la realidad, pues tras unos veinte minutos de paseo por una pista rodeada de eucaliptos, llegamos al comienzo del sinuoso camino que lleva hasta la baliza, y que, en algunos tramos, nos recuerda vagamente a la gran muralla china.
No podíamos pedir más, buena compañía, buena comida y buena climatología para disfrutar de un paisaje sin parangón. Hay que discurrir mucho para conseguir superar esta experiencia, pero nunca se sabe….

Como el día no daba para más, comenzamos el camino de retorno y volvimos para Coruña, exhaustos, pero satisfechos por comprobar que estamos rodeados de unos lugares que la naturaleza nos ha regalado para uso y disfrute y que esperemos sigan así por mucho tiempo.

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