Crónica de la visita a la Fundación María José Jove

Publicado por a 1 enero, 2019

Por María Pardo

 

Visitar por primera vez una colección de arte es siempre una emoción y un cúmulo de sensaciones que no soy capaz de asimiliar de una vez. Por éso pienso volver a visitar la colección de arte de la Fundación María José Jove, una colección con MAYUSCULAS. Y lo digo alto y claro, en un momento en el que el arte está claramente denostado por las grandes compañías que no le ven beneficios económicos.

El espíritu de María José Jove está presente en la colección que, en sus inicios comenzó como un homenaje a todos aquellas personas que tienen que dejar su tierra y su familia para poder sobrevivir y aquellos que no pueden disfrutar de todas las ventajas que el mundo moderno ofrece.

Visité la colección el sábado 15 de diciembre, en una jornada organizada por la Asociación Amigos Casa de las Ciencias y, como dije antes, pienso volver. Porque esta visita fue un baño iniciático, fue un meter los pies en la orilla de un mar de arte, y no lo hicimos solos, si no, de la mano de nuestra guía Patricia, que nos iba llevando por las salas sacando lo mejor de la esencia de las obras de arte allí expuestas y sobre todo, captando nuestra atención y nuestro interés en conocer más y más.

Nuestro viaje comenzó, de manera cronológica, con los clasicistas, los modernos, los impresionistas y todos aquellos dispuestos a intercambiar información y a conectarse en el tiempo y en el espacio, Fortuny, Regoyos, Perez Villaamil….después pasamos a la sala de las vanguardias y de los viajes y estancias en París para, de la mano de Picasso, Dalí, Miró, Léger, trasladarnos a una mirada distinta y desconocida de la realidad, y con un abrir y cerrar de ojos, nos encontramos con la traslación de ésa vanguardia en nuestra tierra y, de nuevo, la marcha de estos artistas lejos de nuestro territorio para madurar en su obra y como artistas…ahí es donde podemos encontrarnos con Maruja Mallo, Eugenio Granell, Urbano Lugrís, ahí es nada, un elenco de artistas gallegos que supieron, como nadie interpretar las vanguardias y dotarlas de un nuevo significado ligado a la tierra que los vio nacer. El mar como protagonista absoluto de las composiciones de estos gallegos que tuvieron que dejar lo que tanto amaban para no estancarse y poder crecer.

Protagonismo absoluto sigue teniendo Galicia en las salas de la Fundación María José Jove, con la huella del vanguardismo histórico y con el “rexurdimento”, el sentimiento nacionalista de Laxeiro, Colmeiro, Luis Seoane, Carlos Maside, Castelao. Todos ellos artistas representativos del espiritu inspirador de la colección, el dolor y la morriña, el sentimiento de desarraigo por tener que dejar la tierra y su lucha por reivindicar los valores de la cultura y las tradiciones fuertemente arraigadas en el rural gallego.

Y como ésta es una colección que no entiende de fronteras, además de encontrarnos con artistas gallegos, también hay artistas españoles del resto del país e incluso artistas extranjeros que han sufrido guerras, abatimientos, expulsiones y que han tenido que abandonar su mundo conocido, son artistas como el neoexpresionista Amsel Kiefer o la coruñesa afincada en Londres y representante de la vanguardia del siglo XXI, Ángela de la Cruz.

Finalizo diciendo que no puedo mencionar todos los artistas que caben en la colección, pero no en esta crónica y no porque carezcan de valor, si no, porque esta crónica carece de espacio físico y temporal para analizarlos.

De cualquier manera, recomiendo encarecidamente la visita a estas salas donde uno puede reconciliarse con el ser humano y el mundo que le rodea y donde una coruñesa se ha dado cuenta de que los sueños pueden hacerse realidad.

La Fundación María José Jove se dedica, además, a otras muchas actividades que favorecen la inclusión a personas con disfuncionalidad y que promueven el ocio y el juego para niños y mayores. Pero ésto, sería materia para otra crónica.

 

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