Crónica da viaxe ao Morrazo

Publicado por a 19 octubre, 2019

Por Ana Eva Suárez

 

 

En nuestro reencuentro del 21 de setiembre, la puerta del otoño nos esperaba amable para llevarnos de forma tranquila por la península del Morrazo. “Se vou a Bueu nun bou, vou. Se non vou a Bueu nun bou, non vou”

A pesar del dicho popular, llegamos entre la lluvia. Mientras sonaban las ventas coloridas del mercado y el ritmo percusivo del dominó al que jugaban en el bar de nuestra primera parada para tomar un café, nosotros iniciamos nuestra visita al Museo Massó, la Fábrica de Conservas.

Guillermo Marconi, que no quedó indiferente en su visita a la conservera, sugirió la creación de un museo, que mostró su rico legado desde 1922 hasta 1992, renaciendo en 1994 con su adquisición por parte de la Xunta.

Nos contaron que se necesita la alianza de tres disciplinas, tres artes, para que un viaje sea próspero: la sabiduría recogida en los mapas, la astronomía protectora, y la construcción naval. Maquetas de barcos históricos, instrumentos de navegación, documentos y libros antiguos, incunables, despertaron nuestro creciente interés, que se mantuvo en la sala que alberga embarcaciones tradicionales, como son la dorna, el bote “polbeiro” y la “xeiteira”.

En la planta baja, nuestro ameno guía nos hizo viajar e imaginar la organización de la fábrica, altamente funcional.  Los pies descalzos de niñas, madres y abuelas maestras sostenían a bajo precio la fábrica de salazón y conservas, mientras los hombres salían al mar. Era posible compaginar la vida familiar y laboral porque se daban facilidades, como el hotel, un depósito de agua, una guardería, la zona de comedor y duchas, la cochera o un campo de deportes. Una pequeña estancia homenajeaba la caza de la ballena, de la que se aprovechaba todo.

El resto de la ruta estuvo dirigida por María Pardo, simpática y empática guía amiga. Nos gustó la pequeña capilla reconstruida en 1948 por Victoriano Barcala con bocetos de Urbano Lugrís, quien la consideró su gran obra. Se trata de la Capela dos Reis, una de las dos únicas capillas dedicadas a los Reyes Magos. La otra está en la Catedral de Colonia (Alemania). Desde ella se ve toda la ría, por lo que Lugrís consideraba la capilla el altar, y el entorno sería la iglesia.

Contentos, llegamos al Jardín de Frendoal, conocido como el Bosque Encantado, donación de las Condes de Canalejas al pueblo, donde un castillo a medio construir, en los años 60, dibuja en la fantasía un cuento en un escenario real.  Alguien recogió las primeras castañas entre helechos, robles, abedules…Respiramos casi libres con la insustituible Naturaleza, cuya armonía era rota en algunos puntos por los desperdicios de la humanidad, algo que llamó la atención a nuestra excursionista más joven. Su abuelo le dijo que deberíamos haber llevado bolsas para recogerlos.

El placer continuó de otra manera a la hora de la comida, en Aldán, en el Restaurante Capitán. Desde allí, tras hacer una parada en el cruceiro de Hío y la Iglesia de San Andrés, nos acercamos a nuestra última parada, La Caracola de Cabo Home, en los acantilados de Donón, donde el tiempo desapareció. Lo que permaneció fue nuestro bienestar después de un día de amigos, de Amigos de la Casa de las Ciencias. Algunos ya pensamos en la posibilidad de apuntarnos a nuestra siguiente excursión, Tui.

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